Otra portada más para AC/DC. Otro increíble año en muchos aspectos para los que llevamos muchos bregando en esto del rock duro, desde que nos estigmatizaban y marginaban por el mero hecho de ser diferentes. Ya entonces nos ladeábamos del borreguismo que tanto gusta a políticos y a empresarios sin escrúpulos, para los que el rock sigue siendo subversivo y no rentable en contraposición a sus “estrellas” fabricadas” para un público atontado por listas infumables inundadas de ¿canciones? infumables, en la mayoría de los casos, de usar y tirar.
¿Dónde está el secreto que tanto le asombra a la oligarquía reinante? A sus espaldas y contra sus gustos los festivales, y artistas como los australianos, han tomado la cultura por el lado más popular y reivindicativo, sin tener que poner el culo como la mayoría de los ¿artistas? que ellos controlan. Son tan necios que hasta han resucitado con el respaldo de sus poderosos medios la estúpida historia de que el “Heavy” vuelve con las crisis: “Las cosas deben de estar muy mal… AC/DC vuelven a ser número uno”, titulan los periódicos que llevan años enterrando al rock sólo porque no juega a la ruleta de la frivolidad, donde se vende el alma por unos días de gloria que pasan como nubes, con gente sin talento manejada como marionetas.
Claro que las cosas están mal… para los de siempre. Los sinvergüenzas que controlan este planeta siguen ahí, pero un poco más acojonados por sentir el aliento de la gente hambrienta en el cogote con el rock como banda sonora. Siguen sin digerir la avalancha de festivales y conciertos con llenazos apoteósicos como los de AC/DC, a los que ayer despreciaban por su “ruido”, vestimentas y letras y que ahora aplauden desde la primera fila con gente tan sorprendente como la hermana del que dice ser rey de aquí, que se lo pasó en grande a pesar de su invidencia con los himnos de los Young y compañía. Ver para creer.
Pero volvamos al principio. ¿Hacia dónde vamos? ¿Acabaremos todos en la rueda de lo establecido y el comercio sin miramientos? Los mismos iconos de los que hablamos y que ocupan lugar estelar en este especial han caído en la vorágine del todo vale, pasando de muchos de los que sí apostaban y arriesgaban en tiempos no tan dulces para entregarse a los que mandan y se reparten el bacalao. Eso sí, con coste adicional: De este último disco han vendido la mitad que del anterior, cuando aún respetaban algunos códigos que parecen olvidar ahora, adulados por gente que en otros tiempos los despreciaba.
El banquete está servido. No hay crisis para la diversión y el culto al talento. Todos quieren ahora sacarle tajada a este baile maldito donde los parásitos del rock son los que más ganan, especulando e intentando domesticar voluntades sin el menor atisbo de echarle una mano a los músicos de aquí, que son la víctima principal de este derroche económico. La gente se queda sin dinero para ver a los nuestros, enloquecida por una fiebre que arrincona a los de siempre y pone en primera fila de los eventos con más abolengo a un montón de fans ocasionales que lo mismo aplauden a AC/DC como al día siguiente a Franz Ferdinand sin el menor rubor, como vimos en los recintos conciertos a cubierto. Nadie protege al rock. Qué envidia de los del cine, que pillan de todos lados muchas veces para ver las películas que hacen entre amigos… a los que sirven. Pero eso da para otra reflexión. Por ahora y como cada verano muchas páginas llenas de rock, puro rock.









